Postales

Autora: Antonia Toscano
Fotografías: Gloria Sanchís, Isabel Colomina, Gonzalo Mendiola, Juande y Alberto Avilés
Tamaño: 12 x 20 cm., 78 págs., fotografías b/n
Año de publicación: 2020
Encuadernación rústica en color.
ISBN: 9788412146974

…Volamos al tiempo que los misiles,

sobre los cadáveres de los niños

que juegan en las playas,

bajo satélites que lo ven todo.

Ni el mar que regresa es el mismo mar.

A Nieves.

Hay días en los que las palabras suenan estúpidas,
como un mar al que se le ha vaciado el agua.
El calor es triste en los campos secos,
a la sombra de su pelo joven
cabía un bosque de hojas musicales,
entre los árboles la danza primitiva
que nace de la lluvia,
viento y cuerpos fugaces, el latido
del mar en cada orilla,
los edificios altos de Manhattan,
los niños con gorra de visera,
los rostros agolpados en el autobús
de cualquier línea,
el cielo de un azul de todos los colores,
tres rosas amarillas entre las páginas
de todos los libros.
Hay días que sonarían estúpidos
de no ser por la memoria.

Una semana

Duelen los lunes en los huesos
que levantan el peso del amanecer.
Despiertan los sueños de hormigas
rojas que recorren la epidermis.
El edredón caliente se resiste
al abandono de los cuerpos,
las uñas quedan atrapadas en los bordes.
Duelen los lunes en los pies fríos
sobre el mármol que dejaron las estatuas,
las manos heridas por el volante
el vapor que exhala nuestra boca,
la falta de armonía de la falda arrugada
la nieve que no cuaja sobre el suelo,
el coche rojo ciego
no llega a estamparse contra el miedo,
lastima el cuello de la mujer de goma.
Ante las puertas cerradas se amontonan los diarios
noticias de todos los frentes
manchados de sangre inmaculada.

El martes amanece más temprano
sobre el hielo endurecido del parabrisas,
las hojas sueltas vuelan contra el viento.
Un día dúctil que se estira
más allá del límite de las horas,
añoro las rutinas de palabras,
cometas azules compitiendo
en la altura del abismo.
Era martes el día de tus manos,
de tus dedos finos eligiendo las raíces
que rompió el hilo que nos ataba
a un solo cuerpo.
La granada partida en el alféizar
rubíes de sangre con la escarcha,
se ilumina con un sol de enero
que enfría los pozos de las fuentes.
Los cables de alta tensión
transmiten energía a las patas
de los pájaros de invierno,
canto por sus voces heladas
entre los cardos secos.

Una anciana pierde la cabeza
y las monedas del transeúnte
en la marquesina del autobús
que el miércoles acumula el retraso
de tres días, el peso de las nubes.
Dos adolescentes interrumpen
el juego de la infancia en asuntos
de mayores, la textura de los labios,
el ardor en los vientres que son uno,
ajenos pasan junto al paraguas
vuelto del revés y al espejo
de la fuente helada de la plaza,
han perdido el autobús que no esperaban,
en la última fila ya no hay nadie
que tenga una mirada hacia la calle,
ni al charco en el que se pierde un gato
intentando cobijarse de la lluvia.
Dime tú ¿Es miércoles?
Es que este día pasa sin que me dé cuenta,
como un anónimo escrito en un mensaje cifrado
sobre la cuadrícula de un calendario.

La nieve me abofetea la cara
y aún no ha amanecido
sobre la hierba quemada
que veías estremecerse con asombro,
viento cada día en el jardín
en tu retina.
Nunca tuvimos un jueves entre los brazos.
La nieve me abofetea la cara,
cuento los rosarios de piedras
con el dolor de los pies,
la calle se retuerce en los chaflanes
separándome de tu casa.
El camino de regreso es más largo,
lo alimenta el cansancio, el vino
blanco y el agua con gas,
la extrañeza de mi sombra alargada
en torno a los faroles.
Hemos perdido el partido
en la pantalla del bar de siempre,
sin darnos cuenta , aprovechamos
la quietud de las miradas
para volver las palabras del revés
y creer que enderezamos el mundo.
Antes bailábamos : “I Will survive”
y parecíamos felices,
todos los jueves de whisky con Seven up
y la nieve acariciándonos la cara.

Esperé un viernes por la tarde
que durase todo el año,
la flor abierta del tiempo mío
extendida como una llanura
con todas las posibilidades:
la serie favorita, mi mano en tu bolsillo,
la tertulia en las esquinas,
el no hacer nada en el sofá,
viajar al lado de tu asiento,
la sorpresa de la nieve,
retozar en la playa de antes,
pasear con los niños en la alameda,
palomas , acercarnos, batir de alas…
Esperé algunos otros viernes
de auto y carreteras comarcales,
de cine y palomitas, de gogós
y fiestas Lanetro punto com,
a un viernes de aeropuertos
escapadas sin huir de nadie,
para ir a tu encuentro.
La soledad me esperará
a las tres de la tarde cada viernes
para coserme al sofá en sombras,
al silencio que se oculta tras la tele,
al hueco de mi cuerpo en el techo
desde el que me miro .
pantallas, dormir, no decir nada.

No hay sábado sin sol,
brilla en la hierba tras la ventana
monedas de oro esparcidas
por dedos largos desde el cielo.
Rodábamos juntos la orografía
del jardín de tu infancia,
quedan las risas temblando
en la memoria de los peces,
rodaba la pelota hacia los días
cuyas hojas no colgaban aún
de ningún calendario.
Abrías mi ojo escondido
entre las sábanas del sábado
para decirme que ya era la hora
y tomábamos chocolate con churros
con miradas nuevas.
La casa de dos puertas abiertas
y ventanas de par en par
se replegó sobre sí misma,
sé que no hay sábado sin sol,
monedas de oro sobre la hierba.
Te fuiste con tu infancia
entre la gente y el ruido
llevándote mis ojos
y el sol de todos los sábados.

Los domingos por la tarde
siempre fueron tristes
y dormitaban temprano
sobre el hule de la mesa,
la cabeza escondida entre los brazos.
El domingo por la tarde
te despedía en los andenes,
agitaba la mano revolviendo el aire
que quedaba detrás de los vagones.
En la puerta de embarque
cerrabas la fila de todos los viajeros,
aún no había terminado la llamada
última para el vuelo de las cinco,
parecías un dibujo borroso
menos por la bufanda larga
moviéndose al compás
de tu ausencia.
Mañana será lunes
Y volverá la rutina a ordenar
el caos con el que paso el tiempo
todos los fines de semana.

Vivos o preferiblemente muertos

Vivos o preferiblemente muertos

“¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”.
El país digital, 5 de octubre de 2013
Monte Testaccio en Roma,
veintiséis millones de ánforas , noto
una octava colina
y crece una ciudad.
Humeante café con tostadas ante
unos catálogos de cementerios
en la página uno de los periódicos
del día: espléndidas vistas al mar,
práctico modelo pobreza extrema,
cruz de madera atada con alambre;
sobre un mortero con manchas salobres
un nombre mal escrito,
mano trémula y pincel desdentado;
o quizás un modelo mar adentro,
en el que día a día se suman minutos
a tres horas de andar apresurado
por caminos de tierra humedecida.
Una procesión de ataúdes sellados,
aguardan la misericordia de los vivos,
muertos sin nombre y sin tierra,
aritmética sucesión del uno
al trescientos cincuenta y nueve,
una anécdota para quien reza:
“Muerto número cincuenta y cuatro,
mujer, probablemente veinte años.

Solo los muertos pueden quedarse.

Lampedusa,
Veinte con dos kilómetros cuadrados ,
Justo a mitad de camino de Túnez,
oeste de Malta, oeste del Edén,
al sur de la abundancia.
La boca de un Alain Delon ─ Tancredi─,
insinúa al Gatopardo, ─Burt Lancaster─ :
“hay que cambiar algo para que todo
permanezca igual…” sí,
con unos ojos tan azules como
los de tu fotografía.
El cuerno de África ya se desangra
sobre nuestro mantel,
un dominó de ciento veinte ataúdes.
Todo es falso en la pantalla de plasma.
La perversión del nombre de una rosa
tras un seto de ataúdes.
Ríe el oso de peluche
que nunca será un juguete de niño
para quién yace: muerto número once,
es varón, probablemente tres años.

Vivos o preferiblemente muertos

Son cuestiones de estado y de gobierno:
Son pobres muertos sin patria y sin nombre,
tendrán números para un pasaporte
y la categoría de ciudadanos
en tierra de cementerios europeos.

Nada me impide dormir cada noche,
con un sedante de más o de menos.
Sólo los muertos lograrán quedarse.
Se ahogaron en imágenes ficticias
exportadas en plasma y tefeté:
gentlemans de Armani y Miró que ataban
a perros y gatos con longaniza,
y compraban un automóvil de lujo
con una rubia de plástico incluida.
Ángeles y demonios por igual,
ascendían por escalas
de felicidad a un mismo paraíso.
Tan solo los muertos pueden quedarse.
Paquetes retornados al origen,
un destinatario ausente o rehusado,
desconocido o simplemente incómodo.

Nadie.

Doce sherpas importan menos a la hora
de la muerte que un extranjero blanco.
Nadie se pregunta si abandonaron
un rododendro en flor
a la puerta de una casa, mujeres
con piel de cobre en rostros de tres ojos
y terciopelo negro en las pestañas.
Nadie, si dejaron una rueda de niños
cantando en una lengua tibetana.
Nadie.
La tierra tiembla en México y debajo
de mis pies, las manos en las rodillas
—viento al norte en los mapas—
un sol amarillo sobre los muertos
que fecundarán las raíces bajo tierra
de árboles que sostienen en sus ramas
la memoria.
Pájaros azules cubren los rostros.

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 400 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 7 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Jazz o’clok

Portada
Poema finalista de la edición de 2015 incluido en esta antología.

El jazz es de botella,

de grito roto y metal comprimido.

Estaremos muertos a la hora en punto.

La mujer negra llena el escenario,

zapatos rojos, aguja y pasión.

Era ella, chica Jazz,

la que rompe la voz en los espejos

y el recuerdo de un aire transparente

rizándose en el pelo.

Un Cuba libre titubea en la sangre,

los tacones ponen fin a sus largas

piernas de corista.

Crecí por dentro subiéndome a libros.

Ahora necesito tacones altos

o escalones perfectos

o sofás para dos

para alcanzar el hueco de tu cuello.

Déjame crecer aunque fumé Lola,

solo tenía quince años

y carámbanos en el pecho.

El saxo propala un caos ordenado,

vuelo rasante de cristal quebrado

El jazz es más de botella y de muerte,

trance entre dos silencios.

Necesitamos aire.

Si una nota incendia el amanecer

las miradas pulverizan siluetas.

las manos que se aferran a la piel

deteniendo el inicio de la arruga,

arrojan a la espalda los minutos

que devoran la vida irremediable.

Una voz extraña adopta la forma

de tus ojos de invierno.

Responde ¿volveremos a ser jóvenes?

La palabra muerte ya no es ajena

a nuestro vocabulario. Responde.

Es cierto que ya no creo en el amor

más allá de la tumba.

¿Qué vestido llevaré en tu cumpleaños?

No sé si el planeta Kepler tendrá

un sol azul colgado en la ventana.

Cualquier nota de improviso es un ácido

que destroza el papel con un lamento.

Aún recuerdo lo difícil del índice

         sometiendo seis cuerdas,

dolor para sacar sonido limpio.

Las violetas caían al vacío, al borde

de la acera reposaron al fin.

El chocolate se fundió en la mano,

leíamos los versos de “Estimada Marta”.

Nos marchamos de locales ahumados

disecados en alcohol, al frio sucio

y estrellado de Rambla Cataluña.

No tengo huesos para darle al relente.

Estamos muertos y ya es la hora en punto.

8864555 Leer más “Jazz o’clok”

Versos en cuarentena

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Lectura del día 18 de diciembre de 2014. Colectivo Giner de los Ríos

Cada uno de los poemas de esta selección llevará una cita de Juan Ramón Jiménez como homenaje en este “año Platero”.

 

Largometraje

Mi corazón recogerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa
tu luz se dormirá sobre mi frente…

Estaba el niño muerto entre el trigo

y las amapolas vivas.

No hay una madre que pueda contemplar la muerte

y la nieve no cuaja sobre el trigo pertrechado de sol.

Las banderas despedazadas no sirven

para guiar a un pueblo.

Las mujeres han extraviado las miradas

y solo sienten la carne atravesada .

Ráfagas de  música de otro tiempo

dejan un sendero de huellas en la nieve.

Las hilachas grises de la costura del tren en los raíles,

el aire caliente sale por las rejillas

levantando las faldas de las chicas

con piernas de nácar o de leche entrecortada

derramada en la encimera.

El páramo está cubierto de jazmines congelados

y fantasmas que se arropan contra el viento

—sombras en la niebla

con trajes negros escapados del tiempo del reloj de sol-

Nadie dejará las sillas vacías

en los salones del invierno

y cerrarán las tapas con el polvo de los libros.

Las camas frías como la sopa que espera

en las mesas después de las cenizas de Pompeya.

El horizonte es solo una línea negra en vertical

donde se juntan todas las miradas. 

En la boca

Te conocí, porque al mirar la huella
de tu pie en el sendero,
me dolió el corazón que me pisaste.

Un día en la boca, en la tuya,

bajo un sol pálido de invierno

frente a un mar de mercurio con cuatro orillas.

Un día en la boca viendo pasar

el hueco de las gaviotas sobre las aceras.

Merenderos con mujeres sin sombra

ni caderas, apenas un temblor de las rodillas

y una vaga cadencia que anuncia una guitarra

entre los brazos de un hombre negro

que cierra los ojos y se entrega.

Un día, un sábado en la boca con un café para dos

detrás de los cristales de una ciudad que espera

el llanto de un tango en las esquinas,

la mujer que baila, más que silueta una línea

que se enrosca en el aire

a punto de evaporarse como el humo del café

para dos, tras los cristales.

La colada

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. (…)

Un río fluye cuerpo abajo cuando se cierran los ojos

y tiembla la carne de los peces.

El tambor de la lavadora gira:

Las camisas pierden el aroma del solPANO_20141103_185126

con el que muere la tarde

y el color del humo con volutas de palabras.

El detergente de los anuncios

atraviesa las fibras de la piel

que dejamos al caminar sobre las piedras

de calles escondidas  en el azul de los letreros,

recuerdos inmunes al viento que se agranda en las esquinas

y se ha revolcado sobre las lápidas

en las que yacía la identidad de los héroes

y removido las ortigas que nacieron

de una lágrima furtiva

atrapada en el dorso de una mano;

la humedad que se confunde

con las gotas gruesas dibujadas en las aceras

cuando comienza la lluvia.

Una mirada avanza

desde detrás de unos cristales

sobre las huellas de alguien que se fue,

a quien las nubes robaron la sombra

proyectada en el asfalto.

Sin afuera.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Sin afuera, como la luz de los peces abisales,

los diamantes ignorados,

el sol incandescente.

¿Tiene afuera el universo?

Arrabales en los que la hierba crece en los tejados,

la vida de la sangre en las arterias,

la náusea en el estómago vacío.

Solo dentro.

Ventanas tapiadas con ladrillos torcidos,

la voz que reverbera en la cabeza

a veces pronunciando nuestro nombre.

Sin afuera.

La humedad del mar y en su fronteraIMG_20140125_105417

nuestros pasos firmes, esculpidos,

hasta que llega la marea.

Aluviones de piedras, algas y conchas

donde juega un niño porque el mar regresa

en retirada constante a su caverna.

Sin afuera.

Siete mil trescientos cincuenta millones,

uno que se asoma en este instante,

uno que se ha ido.

Encerrada entre la piel, entre los muros de mi casa.

La página en la que la tinta se termina.

El cerco indestructible de montañas,

la silueta deformada de la tierra,

la altura de una nube,

la lejanía de una estrella,

la extensión incomprensible  que envuelve

a una galaxia.

Sin afuera.

Entre la vida. Entre la muerte.

Arañando cualquier muro hasta la sangre

con las uñas desgastadas hasta el borde. 

Espejos

Nuestros rostros, al volverse
a hallar, no dirán lo mismo.
Tu olvido estará en tus ojos,
en mi corazón mi olvido.

La naturaleza de la superficie del mar

es la misma del espejo

en el que el viento exhala el resuello

sobre la piel de una niña tendida en la hierba.

Un chorro de fluido blanco se deshace

en un cielo cobalto ajeno a la extrañeza

y a las hojas acartonadas

que se desgarran en la comisura de la acera.

Las ventanas contemplan a las niñas

con sus ojos empañados  por los reflejos

en las entreluces del día,

siluetas escondidas en las sombras

de la hija que murió joven

o la amante sorprendida en el abandono

de una hora suspendida;

o habitaciones sin techo anegadas de un sol

que luego es de mentira.

Ahora ya no hay casa ni blancura,

lluvia azotando la corrocería de un coche

que dejará el lustre del túnel de lavado

y el aroma de los fluidos de los cuerpos

dispersándose en la trama de la tapicería.

Nuevo escenario para la desolación

que sobreviene al abandono,

la mano vacía  en el espacio hueco,

una cabellera blanca y una boca entreabierta

anhelante de flores de loto

para olvidar todos los regresos.

 

Cuenta atrás. 

Platero, no sé si con su miedo o con el mío, trota, entra en el arroyo,  pisa la luna y la hace pedazos.

No imagino siquiera la amplitud de la memoria

desde el día de hoy hasta el final del tiempo,

el rostro al que miraré de frente

y el ojo que me mirará sin verme,

cuántas veces bajará crecido el torrente

ni cuántas se secará la lágrima

y renacerá el limonero de la puerta.

Los niños se herirán las rodillas en los parques

y puede que alguno anide conmigo,

como los jilgueros en los árboles del jardín

y que algún gato sea por fin de mi regazo

para contar el tiempo en las brasas del invierno.

No imagino las páginas aún por escribir,

las hojas de los eucaliptos aún respirando

profundamente el pulmón del viento,

para recibir con frescura la tinta de lo que aún

ni siquiera se ha pensado.

 

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 320 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 5 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Al amigo Paco

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Al amigo Paco

La rosa que se deshace en el crepúsculo

no deja letras esparcidas en la tarde, sino pétalos.

I

Minerva inicia el vuelo hacia las encinas oscuras

que se aprietan sobre el papel ocre y la áspera textura.

La mano que dejó bailar los lápices

sobre aquel salón de baile vacío

se ha quedado helada, quieta, sumergida en las sombras.

II

En el cotidiano perfil del horizonte,

entre las perseidas y catorce deseos del verano,

sombrero y alforjas para llevar la tierra y la luz

en los cuadernos,

gotas de intuición,

yedra en la sangre

que busca a borbotones una mar en calma.

Es tarde.

III

Los jilgueros tararean en los cardos

las notas de una duda;

la hora de la magia de un encuentro.

Amigo ¿Estás, por ventura, detrás de nuestros pasos?

¿En qué universo paralelo

has caligrafiado tu nombre al pie de las montañas?

IV

El amarillo intenso de un Citroën Dyane 6

se disfrazó con el camuflaje perfecto

para el tomillo seco, el romero en flor en los alcorques,

caracolas fósiles, esponjas y helechos;

semillas esperando una siembra,

papel de estraza y miradas adolescentes

sobre pizarras verdes…

mientras la lluvia traza caminos con tizas de colores

en los cristales de aquel tiempo.

V

Creo que siempre fuiste joven,

en años luz se fuga tu frontera.

La miel del amor adolescente

de flores de lavanda, fragancia macerada

en el interior de una colmena.

Saberes antiguos para sentencias nuevas.

La certeza de una amistad

que atraviesa este crepúsculo reciente

en el que dejaste tu ausencia en los pinceles

y la tinta se derramó sin orden sobre un cielo

en el que hoy nos hemos quedado confusos…

esperando…

la huella del maestro en el rastro herido de su muerte

y su no muerte

volando Minerva hacia el fondo de la noche inerte.